Ambiciosos y sin principios

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Por María Jaramillo Alanís

Los documentos básicos de Morena —su Declaración de Principios, Programa y Estatutos— no dejan lugar a dudas: el movimiento nació para transformar la vida pública de México, desterrar la corrupción, combatir el influyentismo y cerrar las puertas a los oportunistas.

El poder político, según esos textos fundacionales, debe ser un instrumento al servicio del pueblo, no un trampolín para la promoción personal ni una agencia de colocación para familias enteras. Sus representantes están obligados a conducirse con honestidad, lealtad, congruencia, rendir cuentas directamente a la gente y rechazar el derroche de recursos en propaganda vacía.

¿Qué vemos en la realidad? Exactamente lo contrario.

Ahí están Pepe Braña Mojica (aunque es del Verde, ser sobrino directo de  Andrés Manuel le da derecho a un trozo del partido guinda), y la diputada Méndez: saltimbanquis del membrete, chapulines profesionales, que gastan en espectaculares con filtros y    photoshop para promocionarse, en vez de regresar al territorio que los eligió.

Diputados que se cuelgan de la imagen de Claudia Sheinbaum, como antes lo hicieron de López Obrador, sin conciencia, sin trabajo legislativo y, lo peor, sin conocer siquiera los estatutos que deberían guiar su conducta.

Morena en el papel exige cercanía con el pueblo; en los hechos, algunos de sus legisladores solo exigen reflectores para sí mismos.

Morena prohíbe servirse de los cargos; ellos convierten los cargos en negocio familiar.

Morena rechaza el chapulineo; ellos lo practican con descaro.

La contradicción es evidente: los documentos básicos dicen una cosa, pero personajes como Braña y Méndez hacen exactamente lo contrario… y el partido los solapa.

Andrés Manuel los calificó muy bien: “ambiciosos vulgares” y yo le añado, que no les baila una neurona sana, solo les brincan los pesos y billetes en su cuenta bancaria.

Triste el panorama electoral, aunque aún falta tiempo, vayamos cerrándoles el paso a las y los políticos vividores.

Si Morena quiere seguir siendo un movimiento y no hundirse en la misma miseria política que tanto criticó, deberá cerrar la puerta a estos vividores de ocasión.

Desde mi trinchera vietnamita, más Janambre que nunca.

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