Una ley con aroma a conservadurismo

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Por María Jaramillo Alanís

Otra vez la maestra y diputada Blanca Aurelia Anzaldúa Nájera prefiere darle la vuelta a los problemas de fondo, evadir lo toral y quedarse en la superficie. En lugar de enfrentar las causas reales de la violencia escolar, propone castigos, sanciones y corresponsabilidades que poco abonan a la transformación profunda que tanto se pregona.

¿Recuerdan cuando planteó prohibir los corridos tumbados? Pues esta nueva iniciativa de ley que reforma el código penal y diversas disipaciones legales de Tamaulipas, es el colofón de esa forma de legislar.

Es, literalmente, una perla más en el collar que ha venido tejiendo la diputada Anzaldúa Nájera en el Congreso local: una colección de ocurrencias con sello moralista, con más aroma a conservadurismo que a avance democrático.

Lo que ahora presenta Morena bajo su firma no es una política educativa moderna ni incluyente, sino una ley selectiva y punitiva que se aleja del espíritu progresista que el partido dice encarnar.

Resulta paradójico que, desde las filas de un movimiento que presume ser de izquierda, surjan propuestas que refuerzan visiones autoritarias y moralizantes propias del viejo régimen.

Pretender responsabilizar penalmente a los padres por los actos de sus hijos en el aula es, además de impráctico, una muestra clara de desconocimiento sobre la complejidad de la violencia escolar. Pero también abre una peligrosa brecha entre sociedad, gobierno y Congreso.

Por supuesto que madres y padres son responsables de sus hijos hasta la mayoría de edad, pero mientras eso no ocurra, existen reglamentos escolares y leyes suficientes que ya delimitan esas responsabilidades. ¿Para qué una nueva ley?

Miente quien diga que la violencia se origina únicamente en los hogares por descuido o malicia de los padres. La raíz está en una sociedad que ha perdido cohesión y en un sistema educativo que dejó solos a maestras y maestros en la tarea de formar seres humanos. Lo que necesitan es acompañamiento emocional, no amenazas legales.

La diputada insiste en ver el síntoma sin tocar la enfermedad. Y esa enfermedad es estructural: falta de valores cívicos, de políticas preventivas, de espacios para reconstruir la autoridad moral del magisterio desde el respeto, no desde el miedo.

A final de cuentas, lo que propone Blanca Aurelia no es una ley que proteja, sino que divide. Una ley que contradice el discurso humanista de Morena y exhibe una profunda fractura entre lo que se predica en la tribuna y lo que se practica en el Congreso.

Y hay algo más: la diputada no actúa sola. Responde a los intereses del dirigente del SNTE y de su pequeño grupo, que busca blindarse detrás de un discurso de “protección” al magisterio, mientras en los hechos oculta los abusos cometidos por algunos de sus integrantes.

Con esta ley, niñas, niños y adolescentes estarán más vulnerables frente a los abusos que, lamentablemente, algunas maestras y maestros cometen.

Al menos tres casos están documentados en la Secretaría de Educación: un profesor de arte de la Secundaria No. 4 denunciado por acoso sexual contra una alumna; y dos más en la primaria Epigmenio García, donde una maestra golpeó a una niña con diagnóstico médico y a otro niño  con TEA se negó a impartir clases.

¿Esa es la “protección” que busca la diputada? Porque con esta iniciativa, los alumnos y sus padres podrían ser denunciados incluso por represalias o falsas acusaciones. Es decir, una ley que invierte los papeles y castiga a las víctimas.

Y es entendible: su visión pertenece al pasado, a aquel régimen que primero apaleaba y luego investigaba, el de “mátalos en caliente”. Pero ya no estamos en ese tiempo. Hoy vivimos en el del Humanismo Mexicano, que busca reconciliar, no perseguir.

Tamaulipas necesita leyes que eduquen, no que castiguen; legisladores con visión social, no con vocación de censores. Porque mientras el país avanza hacia un modelo de justicia más empática y restaurativa, algunos prefieren seguir mirando el futuro con los lentes empañados del pasado.

Vamos de mal en peor… ¿no se habían ido los diputados de Vaca?

Desde mi trinchera vietnamita, más Janambre que nunca.

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