Caracas. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela ordenó la noche de este sábado que la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asuma “inmediatamente la Presidencia Encargada de la República Bolivariana de Venezuela, conforme lo establecido en el artículo 234 de la Constitución” luego de declarar “la ausencia temporal del Presidente de la República, Ciudadano Nicolás Maduro Moros, para todos los efectos legales correspondientes”.
Se trata de una decisión conjunta de la Sala Constitucional del TSJ en atención a la solicitud de interpretación del artículo 233 constitucional realizada por Rodríguez en su condición de vicepresidenta.
Este artículo establece cuando a juicio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia o del Consejo de Defensa de la Nación establezca la “ausencia temporal” del presidente, “se designará como Presidente o Presidenta encargado (a) al Vicepresidente o Vicepresidenta Ejecutivo (a)”.
Más temprano, Rodríguez aseveró que “el único presidente de Venezuela es Nicolás Maduro” y exigió su liberación inmediata junto a su esposa Cilia Flores.
Rodríguez se dirigió al país en cadena nacional este sábado en la tarde al encabezar el Consejo de Defensa de la Nación, máximo órgano constitucional de consulta en materia de defensa y seguridad. Caracas.
En la reunión se encontraban presentes el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, el jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, general Domingo Hernández Lárez, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Caryslia Rodríguez, el fiscal general Tarek W. Saab, y todos los vicepresidentes sectoriales del gobierno bolivariano.
Lo anterior hacía notar que el gobierno y los poderes del Estado se encontraban en pleno funcionamiento. Estas declaraciones contrastaban con lo dicho por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apenas un par de horas atrás, quien afirmó que Estados Unidos dirigiría Venezuela “hasta lograr una transición justa y segura” y que Washington había hablado con Delcy Rodríguez para que asumiera temporalmente el poder bajo la tutoría de la Casa Blanca.
Rodríguez llamó al pueblo venezolano a la unidad y mantenerse en calma para afrontar, en fusión cívico-militar-policial, la defensa de la soberanía. También dijo que reiteraba las palabras del presidente Maduro al ratificar la disposición del Gobierno Bolivariano de entenderse y resolver la situación con Washington a través del diálogo.
“Estamos dispuestos a relaciones de respeto, en el marco de la legalidad internacional y de las leyes de la República Bolivariana de Venezuela, es lo único que aceptaremos para un tipo de relacionamiento luego de haber atentado y haber agredido militarmente a nuestra amada nación”, dijo.
Al mismo tiempo, sentenció que “Venezuela no va a ser colonia de nadie, de ningún imperio viejo ni nuevo” y que “la respuesta del país será unitaria, organizada y consciente, defendiendo la soberanía con dignidad”.
La vicepresidenta, quien es la sucesora legal de Nicolás Maduro en caso de ausencia, entregó el decreto de conmoción externa, que ya había firmado este, a la presidenta del Tribunal Supremo para su respaldo legal por la Sala Constitucional. Seguidamente dijo que el mismo entraría en vigor de inmediato. Esta figura es una de las tres formas de estado de excepción previstas en la Constitución y permite al gobierno activar de manera plena a toda la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en todo el territorio para enfrentar situaciones que pongan en peligro la república.
Entre la conmoción y la movilización
Las primeras horas luego del bombardeo, mostraban una población impresionada por el impacto de los graves hechos ocurridos, al tiempo que la dirigencia política convocó a la movilización permanente en defensa de la soberanía.
Las calles de Caracas y otras ciudades del país amanecieron vacías, pero, entrada la mañana se comenzaron a dibujar dos panoramas.
Por un lado, multitudes de militantes del chavismo y simpatizantes del presidente Maduro se concentraron en las plazas bolívar de cada ciudad, liderados por los gobernadores y alcaldes, para manifestar públicamente su rechazo a los ataques. La otra cara del ambiente que se vivía en Venezuela era la de parte de la población nerviosa y tratando de comprar víveres y medicamentos. Se observaron largas filas a las puertas de automercados y farmacias.
Los terminales de transporte permanecían vacíos, ni el metro ni el ferrocarril funcionaban, mientras la mayoría de las personas o permanecían en sus casas o se movían con cautela. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, dijo que los organismos de seguridad realizaban patrullajes para constatar la situación en cada sector y garantizar la continuidad de los servicios públicos.
Mientras tanto, el canciller Yván Gil informó de manera constante en redes sociales, así como en medios de comunicación nacionales e internacionales, la decisión de Venezuela de exigir a la ONU y otros organismos su acción inmediata para condenar y detener la agresión. También informó sobre cada gesto de solidaridad recibido desde otros países.
Aunque no se conocían saldos de víctimas, en redes y aplicaciones de mensajería circulaban mensajes que daban cuenta de civiles muertos y heridos. Es importante señalar que los objetivos atacados están todos rodeados de zonas residenciales: tanto el Fuerte Tiuna, la base aérea La Carlota, en Caracas; el puerto de La Guaira; la base aérea Libertador en Maracay; y el aeródromo de Higuerote, en Miranda.
Nervios, indignación y expectativa, pero nadie celebró
Por la tarde, las calles de Caracas lucían mayormente desoladas. Sin embargo, también se observaron movilizaciones de militantes del chavismo en algunos puntos clave de la ciudad, como la Plaza Bolívar y las afueras del Palacio de Miraflores.
Efectivos militares y policiales patrullaban bajo el mando del ministro Diosdado Cabello. Las entradas y salidas de la capital estaban tomadas por el ejército y funcionarios militares examinaban con detalle a quien manifestara querer cruzar los bloqueos.
Caminar en el centro de Caracas significaba recorrer trechos de calles solitarias intercaladas con espacios donde aparecían grupos de personas, a veces cuatro o cinco, otras veces más de una docena, caminando con dirección a la avenida Urdaneta, donde se ubica la sede presidencial.
Mientras en redes sociales se podían ver manifestaciones en el extranjero de venezolanos celebrando el ataque letal ejecutado contra su propio país, en la capital venezolana el cuadro era muy distinto: las únicas manifestaciones callejeras eran las de quienes exigían el regreso de Maduro y denunciaban la agresión imperialista.
Antonio Guzmán, caraqueño de 56 años residente en el barrio de La Candelaria, a solo unas cuadras de la sede el gobierno, dijo que salió junto a algunos vecinos porque considera un deber rechazar la “agresión asesina” de Estados Unidos contra su país: “La patria es sagrada, se defiende hasta del imperio más poderoso”, expresó airado. Comentarios similares se escucharon entre quienes caminaban hacia el centro, muchos al grito “¡devuelvan a Maduro!”.
Otra opinión, expresada por Johana Sánchez, joven de 29 años que caminaba junto a un grupo de unas ocho personas, más bien denotaba mucha afectación por la violencia de los ataques ocurridos. “Duele mucho lo que nos han hecho, porque murió gente, gente inocente fue herida; ¿es eso lo que quieren para mi país?”, alcanzó a decir al borde de las lágrimas.
En otros sectores de la ciudad, como el municipio Chacao, al este, una zona tradicionalmente identificada con la oposición y donde el chavismo nunca ganó una elección, las personas prefirieron permanecer en sus casas y no expresar ninguna reacción, al menos pública, sobre lo ocurrido la madrugada de este 3 de enero. Las pocas personas que caminaban en las calles mantenían el ceño fruncido y evitaban cualquier contacto.
El gobierno bolivariano mantiene el control del país. Los gobernadores se pronunciaron consecutivamente en las regiones, al frente de manifestaciones callejeras, expresando su respaldo al presidente Nicolás Maduro y denunciando la arremetida de Estados Unidos.
El ambiente que se respiraba ayer era de mucha tensión y ansiedad. Nadie celebró el secuestro del presidente Maduro, más bien era patente la preocupación y el temor por un eventual segundo ataque, que Trump no descartó y constituía aún una posibilidad, toda vez que, al menos el día del suceso, este no logró sacar al chavismo del poder.



