No, Olga no.

Facebook
Twitter
WhatsApp
LinkedIn

NIDO DE CUERVO

Por Abraham Vázquez

En los días recientes, una curiosa coincidencia ha inundado columnas, “análisis” y encuestas de laboratorio: todas apuntan a la senadora Olga Sosa Ruiz como la figura “natural” para la sucesión —anticipada y apresurada— de la gubernatura de Tamaulipas. Nada espontáneo. Nada creíble. Todo forzado.

Conviene recordar un dato que muchos prefieren borrar con la goma del cinismo: Olga Sosa Ruiz perdió la elección municipal en Tampico.

Y no la perdió por casualidad, ni por una mala campaña, ni por una ola adversa. La perdió porque los grupos empresariales de la zona no la respaldaron, no la reconocen como interlocutora confiable y, peor aún, no la quieren. En política, cuando el sector productivo te da la espalda, no es por capricho: es por memoria.

Aun así, hoy intentan venderla como “inevitable”, como si la historia reciente no existiera y como si Tampico no hubiera hablado con claridad en las urnas.

Cada vez que se le cuestiona por los señalamientos que arrastra, la respuesta es la misma:

—“Eso ya está aclarado”,

—“Son acusaciones viejas”,

—“Es guerra sucia”.

Pero aclarar no es evadir, y repetir una frase no la convierte en verdad. Darle vuelta a la página no borra el olor a gasolina, ni las relaciones incómodas, ni las fotografías que no fueron tomadas por terceros malintencionados, sino desde su propio celular, subidas a su propio muro de las redes sociales, cuando aún no había urgencia por fingir amnesia.

No basta negar amistades que “pasaron a mejor vida”.

No basta fingir distancia cuando hubo cercanía documentada.

No basta refugiarse en el “ya se explicó” cuando nunca se explicó nada.

Las evidencias están ahí: imágenes, publicaciones, movimientos y dinero mal habido que desnudan una ambición desmedida, propia de quien entiende la política como trampolín personal y no como responsabilidad pública.

Porque además, hay algo que en Palacio se comenta en voz baja pero con claridad: Olga Sosa Ruiz ha sido oportunista y traidora al jefe en turno.

Juega a dos bandas, mide fuerzas antes de mostrar lealtades y confunde astucia con deslealtad. En política eso se paga, tarde o temprano.

Tamaulipas no necesita experimentos inflados por encuestas a modo ni candidaturas construidas desde el autoengaño. Menos aún, perfiles rechazados por su propia tierra, derrotados donde más debieron ganar y sostenidos solo por ruido mediático.

Por eso hay que decirlo sin rodeos, sin eufemismos y sin miedo: No, Olga Sosa no.

Y recuerda mi consuelo, Senadora:

CUANDO TE CAIGAS, AHÍ ESTARÉ PARA RECIBIRTE.

ATTE: EL PISO.

Facebook
Twitter
WhatsApp
LinkedIn

Foto del día

La imagen de portada de la revista OBJEKTIV de Eslovenia, no ocupa de explicación