Por María Jaramillo Alanís
La inauguración de la nueva sede de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) en Nuevo Laredo no fue un acto protocolario más. Es, en los hechos, una definición política y estratégica del rumbo que el nuevo gobierno federal imprime a una de las áreas más sensibles del Estado mexicano: la recaudación, el comercio exterior y la seguridad nacional.
Desde la frontera tamaulipeca —por donde cruza cerca del 33 por ciento de la recaudación aduanera del país— la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dejó claro que la transformación también pasa por las aduanas.
Eficiencia, productividad y honestidad fueron las palabras clave de su mensaje, pero no como consigna, sino respaldadas por cifras contundentes: entre 2024 y 2025 la recaudación creció 25 por ciento, al pasar de un billón a un billón 250 mil millones de pesos, y la meta para 2026 es ambiciosa pero clara: alcanzar un billón 500 mil millones de pesos.
No es menor el dato. En un país donde históricamente las aduanas fueron sinónimo de opacidad, corrupción y captura de intereses, el fortalecimiento institucional de la ANAM representa una apuesta directa por la soberanía fiscal. Que ya no dependa del SAT y cuente con una sede propia, moderna y centralizada, habla de una visión de Estado que entiende que sin control fronterizo no hay desarrollo con bienestar.
La inversión superior a los 4 mil millones de pesos y la generación de más de 3 mil 700 empleos directos y 7 mil indirectos confirman que la obra no solo es administrativa, sino también social. La dignificación de las y los trabajadores aduanales —con vivienda, espacios recreativos y condiciones laborales adecuadas— fue uno de los énfasis presidenciales y no es un detalle menor: combatir la corrupción también implica atender las causas estructurales que la permiten.
En este punto, el reconocimiento a los ingenieros militares de la Secretaría de la Defensa Nacional no es casual. Desde 2021, con la participación de la Defensa en la operación de aduanas, los resultados están a la vista: aseguramientos históricos de armas, drogas, hidrocarburos, vehículos y recursos financieros. Datos duros que contrastan con décadas de simulación.
Nuevo Laredo se consolida así como nodo logístico nacional y símbolo de una frontera que no solo recauda, sino que protege. La coordinación con autoridades estadounidenses, sin renunciar a la soberanía, y la incorporación de tecnología de última generación refuerzan el mensaje: el comercio exterior debe ser legal, ordenado y transparente.
El acto también tuvo lectura política. Tamaulipas, por años asociado a violencia y abandono institucional, aparece hoy como pieza clave del proyecto nacional. El gobernador Américo Villarreal Anaya lo dijo sin rodeos: esta aduana reconoce a Nuevo Laredo como el puerto comercial más importante de la frontera y de América Latina.
En tiempos donde la narrativa fácil suele reducir la política a redes sociales y ocurrencias, la inauguración de la ANAM recuerda que gobernar también es construir instituciones sólidas, recaudar con honestidad y apostar por la soberanía económica.
Desde Nuevo Laredo, el mensaje fue claro: la transformación cruza por la aduana.
Carmenlilia Canturosas Villarreal al final de la gira de la presidenta Claudia y del gobernador Américo, resulta fortalecida y arropada sino por obras de gran envergadura.
- Días de aprendizaje en la escuela municipalista de Morena
La participación del alcalde de la capital de Tamaulipas en la Escuela Municipalista de Morena no fue un trámite ni una postal para redes sociales. Fue, sobre todo, una señal política. En un momento en el que el movimiento enfrenta el reto de gobernar bien y no solo ganar elecciones, la capacitación y el alineamiento institucional adquieren un peso estratégico.
Los temas abordados —finanzas públicas, austeridad republicana, presupuesto responsable y eficiencia administrativa— no son menores. Son, de hecho, los ejes sobre los que se juega la credibilidad de Morena en los municipios. Ahí, en lo local, es donde el discurso se valida o se desmorona.
Sin embargo, no puede ignorarse una realidad incómoda: existen alcaldes y alcaldesas morenistas que no cumplen, ni en lo más mínimo, con el decálogo ético y político establecido por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Gobiernos locales que confunden el mandato popular con licencia para el dispendio, el autoritarismo o la simulación, y que terminan dañando la imagen del movimiento desde adentro.
La presencia activa del alcalde capitalino, Eduardo Gattás, en estos espacios refleja una lectura clara del momento político: los gobiernos municipales ya no pueden improvisar ni administrar inercias heredadas. Deben profesionalizarse, coordinarse con el proyecto nacional y demostrar resultados medibles, sin privilegios ni excesos.
Este tipo de encuentros funcionan también como un filtro político interno. Permiten distinguir entre quienes asumen la austeridad como principio, la cercanía con el pueblo como práctica cotidiana y la rendición de cuentas como obligación, y quienes siguen anclados a las viejas formas que Morena prometió erradicar.
Para Victoria, estos días de aprendizaje representan más que formación técnica: representan la oportunidad de consolidar una gestión con narrativa política clara y responsabilidad institucional. Porque en Morena, hoy más que nunca, gobernar bien, con ética y congruencia, no es opcional: es la única vía para sostener la transformación.
Desde Mi Trinchera…



