El mensaje desde el Teatro del Constituyente

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Por María Jaramillo Alanís

El 5 de febrero no fue una fecha más en el calendario cívico. Desde el Teatro de la República, el mismo recinto donde se parió la Constitución de 1917, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo trazó una línea política clara: la Cuarta Transformación no es un episodio coyuntural, sino un proyecto de Estado que busca recuperar —y actualizar— la esencia social y soberana de la Carta Magna.

El mensaje fue directo, sin ambigüedades y con una carga simbólica potente: México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende. No es solo una consigna; es una definición de rumbo frente a un contexto internacional convulso y a una narrativa interna que insiste en desacreditar los cambios estructurales impulsados desde 2018 y profundizados a partir de septiembre de 2024.

Sheinbaum sostuvo que, en apenas quince meses, el país ha vivido transformaciones profundas: 22 reformas constitucionales y más de 50 reformas a leyes secundarias. El dato no es menor. Habla de un Congreso activo, de una mayoría legislativa alineada a un proyecto político y, sobre todo, de una voluntad clara por reordenar el Estado mexicano bajo principios que habían sido erosionados por décadas de neoliberalismo, privilegios y captura institucional.

Entre las reformas destacadas sobresale la del Poder Judicial, quizá la más polémica y al mismo tiempo la más reveladora del momento político que vive el país. También están aquellas que devuelven a Pemex y a la CFE su carácter de empresas públicas estratégicas; las que reconocen plenamente a los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho; las que consagran la igualdad sustantiva de las mujeres; y las que fortalecen la soberanía nacional frente a cualquier intento de injerencia externa.

No pasó desapercibido el énfasis en el artículo 40 constitucional. Leerlo en voz alta, desde Querétaro, fue un acto político calculado: dejar constancia de que México no aceptará golpes suaves, presiones diplomáticas disfrazadas ni tutelajes foráneos. En tiempos donde la soberanía suele negociarse en mesas técnicas, el mensaje fue de afirmación nacional.

El acto también reflejó un cambio de época: tres mujeres al frente de los tres poderes de la Unión. Un hecho histórico que no es casualidad, sino resultado de una evolución constitucional y de una lucha política de largo aliento. La presencia de las 32 gobernadoras y gobernadores reforzó la idea de unidad institucional en torno a la defensa del proyecto nacional.

Más allá del discurso, el reto es evidente. Las reformas, por profundas que sean, deben traducirse en resultados tangibles: justicia accesible, servicios públicos eficientes, seguridad con inteligencia, derechos sociales efectivos y una economía que distribuya mejor la riqueza. La promesa de la semana laboral de 40 horas, anunciada para su implementación gradual, será una prueba clave de coherencia entre el discurso social y la política pública.

Desde el Teatro del Constituyente, la presidenta no solo conmemoró la Constitución: la reivindicó como instrumento vivo de transformación. En un país acostumbrado a que las fechas patrias se queden en el ritual, el mensaje fue claro: la Constitución de 1917 sigue siendo el campo de batalla donde se disputa el rumbo de México.

El cierre fue contundente y profundamente político: defender la patria, cuidar la soberanía y hacer realidad la justicia social.

En tiempos de definiciones, la Cuarta Transformación decidió hablar desde la historia… y para el futuro.

Saltimbanqui

Tal y como se veía venir, el abogado Andrés Norberto García Repper Fávila fue designado por el Congreso del Estado como Fiscal Anticorrupción, con efectos inmediatos. La protesta de Ley se tomó sin sobresaltos, sin sorpresas y sin rubor.

El dato duro confirma la coreografía: 27 votos a favor para García Repper Fávila; cero votos para Julieta Elena Martínez Trejo y Miguel Ángel Doria Ramírez, también integrantes de la tercia. Los diputados del PAN, fieles a su costumbre reciente, optaron por anular su voto, como quien protesta sin molestar a nadie.

Tan predecible fue el nombramiento como el actuar de las y los diputados: mayorías disciplinadas, oposiciones testimoniales y un Congreso que volvió a levantar la mano cuando el guion ya estaba escrito. Nada nuevo bajo el sol; el “proceso” cumplió la forma, pero dejó intacta la percepción de que, en estos nombramientos, la sorpresa es precisamente que no la haya.

Desde Mi Trinchera

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