Por Libia Victoria
Cuando cursaba la primaria vi a la primera persona convulsionar, un ataque decían. Juan mi compañero tenía “algo”, pero jamás nos dijeron qué. El de la nada caía y empezaba a moverse, se golpeaba, le salía espuma por la boca y quedaba inconsciente en el suelo, Lorena, Pedro y yo, corríamos a ayudarlo, los demás salían despavoridos, asustados, les daba miedo y a los más canijos les daba risa y se burlaban.
Después mi vecina Yayis, podría estar platicando contigo y de la nada se iba, su mirada se quedaba fija o en blanco, otras veces caía de su altura y se abría la ceja y tenía que venir la ambulancia a auxiliarla, de igual manera nadie nos explicaba nada.
“Se ahoga en un charco de agua joven que padecía de penosa enfermedad”, publicaban en el periódico a finales de los noventas, muchos años atrás a la gente se le encerraba en hospitales psiquiátricos donde se tenían áreas exclusivas para ellos, a otros más les llegaban hacer exorcismos, pues para muchos estaban poseídos.
Cuando mi hijo mayor cumplió 2 años lo diagnosticaron con epilepsia como consecuencia de una lesión cerebral. Humberto ha presentado casi todos los tipos de crisis, conforme fue creciendo con la adolescencia sus crisis aumentaron. Beto tenía un pronóstico malo, no va caminar, ni va hablar, está de más decir que hoy por hoy los médicos no se explican cómo logró aprender y hacer todo lo que una persona “normal”. Siempre lo he dicho un diagnóstico no te define.
Las estadísticas dicen que en México hay más de 2.5 millones de personas epilépticas de las cuales se estima que más de la mitad no recibe el tratamiento adecuado por estigma social o falta de acceso a médicos especialistas.
Las causas de la epilepsia pueden ser varias; genética, lesión cerebral, infecciosa y estructural. Es importante mencionar que cerca del 70% de las personas que si reciben tratamiento adecuado logran controlar sus crisis.
La epilepsia no mata me dijo un día un neurólogo. Y es verdad, lo que realmente mata es la indiferencia, la falta de concientización, la falta de empatía y las nulas oportunidades laborales y de inclusión real para ellos.
Por favor, si usted ve a una persona convulsionar, no le metas nada a la boca, colóquela de lado, observe que no esté herido, y qué partes de su cuerpo tiemblan o si pierde control de esfínteres, no trate de controlar sus movimientos, cuenta el tiempo, si dura más de 5 minutos, llama a una ambulancia.
La epilepsia es una enfermedad que se puede tratar y controlar.
Atiéndalos, conozca y ayude.



