Por María Jaramillo Alanís
En política, los números cuentan historias. Y esta semana, desde Palacio de Gobierno, el gobernador Américo Villarreal Anaya presentó una narrativa construida con cifras, indicadores y contrastes: menos deuda, mejores tasas, crecimiento económico, liderazgo exportador y observaciones mínimas en la fiscalización federal.
El mensaje bien estructurado para posicionar una idea: Tamaulipas no solo está estable, está avanzando.
Reducir la deuda pública en 819 millones de pesos y liberar 1,750 millones para inversión social no es un dato menor en un estado que arrastraba inercias financieras complejas. Tampoco lo es ubicarse entre las cinco entidades con mayor crecimiento, consolidarse como sexto exportador nacional y destacar en sectores estratégicos como la industria química y la fabricación de aparatos eléctricos. Son cifras que envían señales de confianza hacia inversionistas y ciudadanía.
Pero en política económica no basta con crecer; importa cómo se siente ese crecimiento en la calle. El quinto lugar nacional en salarios asociados a trabajadores del IMSS y el primer sitio en crecimiento del salario real son indicadores positivos, aunque el desafío permanente será que esos avances impacten de manera tangible en el poder adquisitivo de las familias tamaulipecas.
El sector energético aparece como la gran apuesta estratégica. Con proyectos como el campo “Trión” en aguas profundas, Tamaulipas se proyecta como referente nacional en capacidad instalada y potencial de expansión. Aquí la coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no es solo política, es estructural: energía, inversión y desarrollo están profundamente ligados al proyecto federal.
Otro punto que el gobernador subrayó con énfasis fue la rendición de cuentas. La ausencia de observaciones en la Cuenta Pública 2023 y el mínimo porcentaje señalado en 2024 contrastan con los montos multimillonarios observados en la administración anterior. El mensaje es claro: orden frente al desorden.
Sin embargo, gobernar no es únicamente presentar buenos números en conferencia. El verdadero termómetro está en los municipios, en el abasto de agua, en la seguridad cotidiana, en la calidad de los servicios públicos. La estabilidad financiera es condición necesaria, pero no suficiente.
Tamaulipas parece haber dejado atrás una etapa de turbulencia administrativa y política. Hoy el discurso es de consolidación. El reto será sostener el ritmo, blindar los avances y evitar que la narrativa se quede en cifras que no dialoguen con la realidad social.
Porque en política, avanzar es importante. Pero mantener la confianza ciudadana lo es aún más.



