NIDO DE CUERVO
Por: Abraham Vázquez
Francisco García Cabeza de Vaca vuelve al centro del debate público. No por los resultados de su des-gobierno, sino por el último amparo que aún lo mantiene a flote frente a acusaciones de lavado de dinero, delincuencia organizada y fraude fiscal. La resolución que deberá analizar la ministra Lenia Batres podría convertirse en el punto de quiebre de una historia que durante años ha transitado entre tribunales, fueros y maniobras jurídicas.
Cabeza de Vaca no es un político convencional. Es calculador, frontal cuando le conviene y experto en victimizarse cuando el cerco se estrecha. Durante su sexenio construyó un poder vertical, confrontó abiertamente al gobierno federal y convirtió el discurso de persecución política en su principal escudo.
Uno de los capítulos más controvertidos fue la detención y encarcelamiento del ex gobernador Eugenio Hernández Flores. Más allá de las responsabilidades legales, aquel episodio dejó la impresión de una revancha política ejecutada desde el poder.
Durante ese periodo se construyó una imagen que retrata el nivel de obsesión política que marcó aquel sexenio. Versiones persistentes afirman de una vigilancia minuciosa, casi enfermiza: desde oficinas oficiales se seguían los movimientos del ex mandatario ya encarcelado, se registraban las visitas, se identificaba quién entraba y quién salía del penal, e incluso se analizaban conversaciones y encuentros.
No bastaba con tenerlo tras las rejas; parecía necesario observarlo permanentemente, medir sus contactos y anticipar cualquier intento de reorganización política. Más que justicia, aquello proyectaba la sensación de una persecución personal que no se conformaba con la prisión, sino que buscaba el control absoluto del adversario incluso en la cárcel.
Hoy el escenario es distinto. La narrativa ya no le alcanza. El desgaste es evidente y la paciencia social se agotó. Empresarios, actores políticos y ciudadanos coinciden en algo: la exigencia de que los procesos judiciales se resuelvan sin privilegios ni dilaciones.
Y conviene advertir algo: Cabeza de Vaca es más peligroso cuando se le acorrala. Es en ese punto donde suele operar con mayor agresividad política y estratégica. Si la Cuarta Transformación pretende cerrar este capítulo, tendrá que hacerlo con firmeza, sin titubeos ni cálculos electorales. La tibieza sería su mejor aliada.
También resulta evidente la soledad que hoy lo rodea. Sus antiguos aliados del PAN han tomado distancia prudente. El grupo conocido como “los Trukos” parece aguardar el desenlace judicial para intentar reacomodar fuerzas y asumir el control interno. En el fondo, forman parte de la misma estructura que gobernó con métodos similares. Cambian los nombres, pero no necesariamente las prácticas.
Cabeza de Vaca siempre fue un paso adelante de quienes lo investigaban. Supo blindarse, negociar y litigar en el terreno que mejor domina: el jurídico-político. Sin embargo, el margen de maniobra se reduce. Si el amparo cae, el discurso de persecución se desmorona y el expediente hablará por sí mismo.
Tamaulipas no necesita venganzas ni espectáculos mediáticos. Necesita justicia. Si hubo delitos, que se sancionen. Si no los hubo, que se cierre el capítulo con claridad. Lo que no puede continuar es la eterna simulación donde los poderosos encuentran siempre la puerta trasera.
Este martes no solo se define el futuro de un ex gobernador, se define también si el sistema es capaz de procesar a uno de los suyos sin pactos, sin miedo y sin complicidades.
Porque cuando la justicia tarda demasiado, deja de ser justicia y comienza a parecer complicidad.



