Por María Jaramillo Alanís
En política, los silencios pesan más que los discursos. Y hoy, el silencio retumba en los pasillos del panismo nacional y local tras la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que negó el amparo a Francisco Javier “N”, dejando abierto el camino para su captura y reactivando, de facto, la posibilidad de una ficha roja internacional.
Ni la dirigencia nacional del Partido Acción Nacional, ni sus legisladores federales, ni las voces que antes se desvivían en su defensa han salido a dar la cara. Mucho menos el hermano, que en otros tiempos encabezaba cruzadas mediáticas para denunciar “persecución política”. Hoy, el mutis es absoluto. Y el silencio, estruendoso.
En el Congreso Local, la diputada Lucero Deosdady Martínez López presentó un punto de acuerdo para exhortar al Instituto Nacional Electoral y a la Secretaría de Relaciones Exteriores a informar sobre el estatus de la nacionalidad del exgobernador prófugo, ante la obligación constitucional de no ostentar otra nacionalidad para ejercer determinados cargos públicos en México.
La discusión fue reveladora. Solo la diputada morenista Ana Laura Huerta Valdovinos subió a tribuna para acompañar el planteamiento, subrayando que no se puede ser mexicano a conveniencia y extranjero cuando las circunstancias aprietan. Gobernar —dijo en esencia— exige definición, no ambigüedad.
¿Y la oposición? Callada.
No hubo un solo posicionamiento de fondo para defender al exmandatario. Ni argumentos jurídicos, ni defensa política, ni siquiera una narrativa alternativa. Apenas la maniobra parlamentaria: Ismael García Cabeza de Vaca votó en contra de la dispensa de trámite y de la aprobación inmediata del punto de acuerdo, asegurándose de que su reducida bancada hiciera lo propio. Una diputada abandonó la curul al momento de la votación; conforme al reglamento interior, su ausencia terminó sumando a la mayoría.
Pero más allá del procedimiento legislativo, lo verdaderamente significativo es el abandono político.
¿Dónde están aquellos que viajaban periódicamente a Texas para recibir línea, instrucciones, palmadas en la espalda o —según se comenta en los corrillos— parte del botín? ¿Dónde los que celebraban cada decisión y defendían cada confrontación? Hoy, cuando la justicia empieza a cerrar el cerco, han optado por el silencio estratégico.
En política, la lealtad suele durar lo que dura el poder. Cuando éste se evapora, también lo hacen los aliados.
Francisco Javier García Cabeza de Vaca enfrenta no solo procesos judiciales; enfrenta algo más devastador en el terreno político: el vacío. Y en ese vacío, se revela con crudeza que muchos de los amigos de ayer no eran más que compañeros circunstanciales de poder.
Cuando la justicia toca la puerta, no todos están dispuestos a abrir… ni a acompañar.
Y sí, Vaca se quedó más solo que un hongo venenoso.
Desde Mi Trinchera…



