Golpe a golpe
Por Juan Sánchez Mendoza
En la conversación política cotidiana, se ha instalado la idea incuestionable de que las redes sociales dominan la agenda pública.
Abonan a esa teoría:
1) Que X (otrora Twitter) marca el ritmo;
2) Que el Tiktok define tendencias; y
3) Que Facebook amplifica mensajes.
Bajo esta percepción, parecería que (hoy) los medios de comunicación masiva tradicionales han quedado desplazados.
Sin embargo, una mirada más cuidadosa revela algo distinto: las redes no generan contenido político de fondo.
Simplemente la redistribuyen.
Detrás de cada tema que se vuelve tendencia, suele existir un trabajo previo.
Y, a diferencia de las redes sociales que operan con inmediatez y que buscan impacto rápido, los medios tradicionales –especialmente columnas políticas– siguen procesos más complejos: investigan, verifican, organizan la información y construyen narrativas que permiten entender los hechos.
Es ahí donde realmente se produce el contenido que después circula en el entorno digital.
Las redes sociales, en ese sentido, funcionan más como una caja de resonancia que como un espacio de generación.
La razón es estructural, ya que producir un contenido político relevante exige tiempo, método, acceso y credibilidad.
Son elementos difíciles de sostener en las plataformas diseñadas para la velocidad y la atención profunda.
Y es que mientras las redes sociales privilegian lo simple, lo inmediato, el periodismo profesional le apuesta (al menos en su mejor versión) a la profundidad.
Incluso, los actores políticos así lo entienden, al utilizar las redes para reaccionar ante la crítica, posicionar mensajes y conectar emocionalmente.
Pero suelen recurrir a los medios con una estructura editorial, cuando buscan dar peso a una información, filtrar datos o colocar temas complejos en la agenda.
No es casual que los asuntos más delicados aparezcan primero en entrevistas, columnas o reportajes.
A esto se suma un factor clave: la credibilidad.
En un entorno saturado de información, la firma de un periodista, el respaldo de un medio o una investigación documentada, siguen teniendo un valor que la viralidad no puede sustituir
Que algo se difunda ampliamente, no significa que sea cierto.
Y en política, esa diferencia es fundamental.
Eso no implica restarles importancia a las redes sociales, pues hoy son indispensables para amplificar mensajes, segmentar audiencias y moldear percepciones en tiempo real. Pero su papel es, en gran medida, complementario: aceleran la difusión, pero no construyen el contenido desde su origen.
Por ello, quienes influyen en la producción de información en medios tradicionales, conservan una ventaja clave en la disputa por la narrativa pública.
Las redes sociales pueden amplificar o distorsionar una conversación, pero difícilmente pueden sostenerla sin una base sólida.
Entender esta relación es fundamental.
No se trata de elegir entre medios tradicionales o redes sociales, sino de reconocer su jerarquía.
Unos construyen el discurso, mientras las otras lo distribuyen.
Y en esa diferencia se sigue definiendo buena parte del poder político actual.
Cohesión por interés
Le toca al Senado de la República ser la cámara de origen para dar trámite al ‘Plan b’ presidencial en materia político-electoral.
Claudia Sheinbaum Pardo decidió que así fuera, porque ahí encuentra el respaldo que no tuvo en el Palacio Legislativo de San Lázaro al proyecto de reforma constitucional.
En la cámara alta, Movimiento Regeneración Nacional (morena) suma, por sí solo, 67 escaños –tres más de los requeridos para la mayoría simple (o relativa) que se requieren para modificar leyes secundarias de preceptos constitucionales–, pero, con la complicidad de algunos de los 27 senadores de sus aliados, arrasaría. Considerando que el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) tiene 21 y 6 el Partido del Trabajo (PT).
Así que la estrategia presidencial saldrá avante en el marco legislativo, pero, habría impugnaciones opositoras –ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN)–, reclamando su inconstitucionalidad, lo que lleva a la suposición de que podría repetirse el fracaso que (en el 2023) tuvo Andrés Manuel López Obrador.
Advierto que, esta vez, por la complicidad entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, no ocurrirá lo mismo.
No, al menos, por conveniencia de los actores involucrados.
¿Apuestan?
Cicuta
La indisciplina de los morenos y/o las ‘morenazas’ que aspiran a un cargo edilicio o legislativo, choca con el llamado gubernamental de respetar los tiempos.
Se lo comento porque en redes sociales circulan supuestas encuestas que marcan como favoritos a legisladores locales rumbo a las alcaldías que pretenden.
¿Es así como responden al llamado gubernamental de frenar (por hoy) sus ambiciones?
Correo: jusam:[email protected]



