El tejido social no se repara con fe, sino con Estado

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Por María Jaramillo Alanís

Mientras en el discurso público se multiplican los llamados a fortalecer la familia y proteger a la niñez, la realidad golpea con crudeza: el feminicidio no cede. Por el contrario, se infiltra, escala y exhibe las fracturas profundas de un tejido social que no se recompone con buenas intenciones ni con discursos morales.

El caso de Lorenia es un recordatorio doloroso. Tenía 30 años, trabajaba como mesera en el establecimiento La Gallina Dorada, en la colonia Rodríguez, en Reynosa. Fue asesinada presuntamente por un compañero de trabajo, un hombre que, tras el ataque, se atrincheró en el lugar, desatando una movilización de fuerzas de seguridad.

No se trata de un hecho aislado, sino de una pieza más en un patrón que se repite con alarmante frecuencia solo en enero hubieron cuatro casos, mujeres asesinadas por quienes estaban en su entorno inmediato.

Ahí es donde el discurso se rompe.

Porque mientras algunos insisten en que la reconstrucción del tejido social pasa por la promoción de valores desde espacios religiosos —particularmente desde iglesias cristianas—, la evidencia muestra otra cosa: la violencia de género no se detiene con prédicas, se enfrenta con políticas públicas claras, sostenidas y medibles.

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública son contundentes. En enero de 2026, Tamaulipas registró cuatro feminicidios, colocándose entre las entidades con mayor incidencia a nivel nacional.

Reynosa y Ciudad Victoria concentraron los casos. Incluso una menor de edad figura entre las víctimas. A nivel país, se contabilizaron 54 feminicidios en el mismo mes, con focos rojos en estados como Sinaloa, Ciudad de México, Estado de México y la propia Tamaulipas.

No, no es un problema de fe. Es un problema de Estado.

La violencia feminicida no surge de la nada. Como bien advierten especialistas en psicología forense, suele ser la culminación de una escalada de control, celos, agresión y dominación. Es decir, hubo señales, hubo antecedentes, hubo omisiones. Y ahí es donde fallan las instituciones.

Porque si bien desde 2023 en Tamaulipas toda muerte violenta de mujer debe investigarse como feminicidio, la realidad es que la prevención sigue siendo débil, la protección insuficiente y la justicia tardía. Las cifras históricas reflejan una década de crecimiento sostenido que apenas ha mostrado ligeras reducciones, sin que ello signifique una solución de fondo.

Seamos claros: el tejido social no se recompone delegando la responsabilidad en la fe o en la moral individual. Se reconstruye con políticas públicas que garanticen seguridad, atención temprana a la violencia, refugios efectivos, educación con perspectiva de género y sistemas de justicia que actúen con rapidez y contundencia.

Se reconstruye con presupuesto, con capacitación, con seguimiento.

Y también con voluntad política para reconocer que el problema no está en la falta de valores, sino en la ausencia de Estado.

Lorenia no es una estadística. Es el rostro de una deuda que sigue creciendo. Una deuda que no se paga con discursos, sino con acciones.

Porque mientras se festeja  a la familia en el discurso, en la realidad hay mujeres que no llegan a casa y, quedan niños huérfanos y madres y padres sin un miembro de su familia y ahí se rompen sus sueños  y se pierde la credibilidad a los gobiernos y a quienes ejercen el poder.

Lorenia antes de su fallecimiento fue víctima de golpes, celos, y todo tipo de abusos a manos  del perpetrador de su muerte…y nadie vio  las señales  y sí, el Estado la dejó a su suerte.

El feminicidio en Tamaulipas es, como muchos otros delitos, no solo es consecuencia del machismo y misoginia, sino consecuencia de la impunidad histórica que, desde poder judicial y de los administradores de la justicia, se les otorga  a los criminales.

Lorenia era mesera en La Gallina Dorada, muy cerca del Centro de Salud, muy cerca del bazar de la diputada Eva Reyes, muy cerca de las oficinas de seguridad pública municipal…muy cerca de todos y nadie supo nada.

Descansa Lorenia, ojalá que tu muerte no quede impune-pero lo dudo- este mundo no te merecía.

Los gritos en un desierto, ¡¡Ni una más!!

PD: El agresor  y asesino de Lorenia, permanece en calidad de detenido en el Hospital General de Reynosa, ojalá no escape y ojalá que  la FGJT, logre que el juez o jueza aplique loa pena máxima de 60 años y la sanción económica de reparación del daño  sea  la más alta.

Desde Mi Trinchera…

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