La estrategia y las esposas calibradas…

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Por María Jaramillo Alanís

Otra vez la misma escena donde el poder mexicano se sorprende, mientras en Washington ya traen armado el expediente, planchado el discurso y calibradas las esposas, claro, echándole la mano a la prosaica y arcaica oposición que en esto de narcos sabe más que el diablo.

La congelación de cuentas ordenada por la Unidad de Inteligencia Financiera no es un simple trámite administrativo, aunque así quieran venderlo desde el lenguaje burocrático de los comunicados oficiales. No es casualidad, tampoco cortesía diplomática. Mucho menos una coincidencia financiera derivada de “alertamientos” bancarios.

Cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señala nombres, la UIF no actúa por inspiración divina: actúa porque sabe perfectamente que ignorar esas alertas implicaría poner bajo sospecha al sistema financiero mexicano entero. (Ahí están los tratados  internacionales firmados por el Estado Mexicano con GAFI y su estandarización de los compromisos globales)

Y ahí es donde aparece la pregunta incómoda:

¿Estamos frente a una verdadera investigación… o ante la aceptación tácita de que los acusados ya están marcados para ser entregados?

Porque hay algo que la experiencia histórica ya enseñó.

Estados Unidos no acostumbra exhibir a gobernadores, mandos policiacos, senadores y fiscales en un expediente de narcotráfico para luego disculparse elegantemente diciendo: “una confusión, perdón”

Aunque hay que decirlo, el aparato judicial norteamericano no  funciona así.

Antes de un señalamiento público, pasan meses o años de seguimientos, escuchas, infiltraciones, triangulación financiera, testimonios protegidos, acuerdos con testigos y vigilancia internacional.

Cuando la Fiscalía de Nueva York y el Departamento de Justicia ponen sobre la mesa nombres de alto nivel político, normalmente no están improvisando una rueda de prensa: están abriendo la antesala de un proceso penal de gran escala.

La UIF intenta suavizar el impacto diciendo que las medidas “no constituyen una determinación definitiva”. Jurídicamente es correcto. Políticamente, no tanto.

Porque congelar cuentas sí tiene un efecto demoledor: convertir a los señalados en apestados financieros antes incluso de enfrentar un juicio. Se les corta liquidez, relaciones bancarias, operaciones empresariales y capacidad de maniobra política. En otras palabras: primero los aíslan… luego los procesan.

México ya conoce ese camino.

Ahí está Mario Villanueva, perseguido durante años hasta terminar extraditado y condenado por lavado de dinero.

Ahí está Tomás Yarrington, que pasó de gobernador priista intocable a reo internacional.

Ahí está Roberto Sandoval, convertido en símbolo de la narcopolítica regional.

Y Ahí está Genaro García Luna, el hombre que alguna vez representó la “guerra contra el narco” y terminó sentenciado como socio del mismo crimen que decía combatir.

Incluso el caso Cienfuegos —que acabó políticamente negociado— confirmó una verdad brutal: cuando Estados Unidos decide tocar a las élites mexicanas, puede hacerlo sin pedir permiso.

Por eso el caso de Rubén Rocha Moya no es un episodio aislado.

Es un mensaje. Y el mensaje parece ir dirigido no solamente a Sinaloa, sino a toda la clase política mexicana que durante años convivió- y convive- con el narcotráfico bajo una lógica de mutua utilidad, silencios compartidos y protección territorial.

La diferencia ahora es que Washington parece haber perdido la paciencia.

Mientras en México muchos políticos siguen creyendo que la impunidad se negocia con discursos, en Estados Unidos los expedientes avanzan con otra lógica: la financiera. Parecen olvidar que allá gobierna el gran capital, destructivo y voraz.

 Y cuando congelan cuentas, rastrean empresas y activan cooperación bancaria internacional, generalmente no están tanteando el terreno. Están preparando el cerco.

La UIF lo sabe. Los bancos lo saben y también lo saben los involucrados.

Por eso el verdadero significado de esta inmovilización no está en el comunicado oficial, sino en los resultados que arrojará la estrategia, de la que, con seguridad la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo saldrá inmaculada.

Ojala el miedo recorra a los involucrados,  a sus amigos y pares,  en cada esquina de la Patria.

Porque cuando el dinero deja de moverse, también empiezan a moverse las traiciones.

Desde Mi Trinchera…

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