Nido de Cuervo
Por Abraham Vázquez
En días pasados, durante una entrevista, apareció un político joven y de buen parecer —dicen las féminas—, aunque poseedor de una soberbia infinita: el secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes.
Con tono de iluminado, se asumía ya como un político experimentado, listo y preparado para contender “donde lo pusieran”, palabras más, palabras menos.
Illoldi tiene una trayectoria corta y precaria; tan corta, que al escucharlo vino de inmediato a la memoria aquella vieja frase priista: “estoy listo y preparado, pero hay que esperar los tiempos electorales”.
Y uno se pregunta, lector: ¿de verdad se la cree?
Porque los que más presumen respetar los tiempos suelen ser también los más desesperados por adelantarlos.
Neta… ¿a poco sí con la papa en la boca se puede decir “soy 4T”?
¿Siguen creyendo que la gente es tonta?
La cara bonita ya no alcanza para engañar. La ciudadanía aprendió que, muchas veces, mientras más impecable luce el personaje, más oscuras son sus intenciones.
Ahora imagine usted a un político así, joven, bello y con ese acento extraño, recorriendo casa por casa en campaña:
—“O sea, wey, vota por mí; mi tía, mi tío y mi mami, que cobra en la SET, dicen que soy el mejor morenista”.
Aunque buena parte de su parentela milite o simpatice con Frente Nacional Anti-AMLO.
¿Les suena el grupo FRENAAA? Sí, aquel movimiento que despotricaba rabiosamente contra Andrés Manuel López Obrador y que hoy sigue haciendo lo mismo contra la presidenta Claudia Sheinbaum.
Pues ni este personaje ni su familia han ocultado jamás su cercanía ideológica con la ultraderecha.
Y particularmente Luis Gerardo y compañía, antes de que le dieran —o le fueran a dar— la candidatura a diputado federal que Morena terminó perdiendo frente a Óscar Almaraz Smer (+), se dedicaron a borrar de redes sociales todo cuanto escribían contra AMLO.
Porque a Andrés Manuel López Obrador no lo bajaba de: “viejo loco”, “kkas” o “mesías tropical”.
Aunque, dicho sea de paso, jamás entendió realmente qué significaba esto último. Pero eso sí: “we”, se leía “con madre”.
Ya convertido en servidor público estatal, de aquel Illoldi rijoso no quedó nada… salvo la papa en la boca y el “o sea, wey”.
A nadie engaña.
Hoy el odio aprendió a disfrazarse bajo la piel de un hermoso animal.
Todavía no arranca formalmente el proceso electoral —eso ocurrirá hasta septiembre— y ya son tiempos de lobos.



