México no es piñata de nadie

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Por María Jaramillo Alanís

Hay momentos que trascienden la coyuntura política y terminan convirtiéndose en símbolos de una época. El triunfo electoral de Claudia Sheinbaum el 2 de junio de 2024 es uno de ellos.

Dos años después de aquella jornada histórica, la primera mujer presidenta de México regresó al escenario que mejor representa la relación entre el poder y el pueblo: la plaza pública.

No es casual. En la tradición política mexicana, la plaza es mucho más que un espacio físico; es el lugar donde se construyen los relatos nacionales, donde se legitiman los liderazgos y donde la historia adquiere rostro humano.

El mensaje pronunciado con motivo del segundo aniversario de su victoria tuvo tres grandes ejes: la reivindicación de los logros de gobierno, la defensa de la soberanía nacional y la continuidad del proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador.

Pero por encima de las cifras económicas, los programas sociales o las obras de infraestructura, hubo un elemento que sobresalió con fuerza: el significado histórico de que una mujer ocupe la Presidencia de la República.

Cuando Sheinbaum recordó que por primera vez una mujer llegó al máximo cargo del país después de más de dos siglos de vida independiente, no estaba haciendo únicamente una referencia biográfica,  apeló a un cambio cultural profundo que modificó la imagen tradicional del poder político mexicano.

El discurso también dejó ver la consolidación de una narrativa que busca definir esta etapa como una ruptura con el pasado neoliberal. La comparación fue constante: austeridad frente a privilegios, programas sociales frente a abandono gubernamental, soberanía frente a subordinación externa. Es una narrativa que sigue siendo el principal activo político de la Cuarta Transformación.

La segunda mitad del mensaje tuvo un tono más combativo. La presidenta colocó en el centro la defensa de la soberanía mexicana frente a presiones externas y denunció intentos de injerencia en asuntos nacionales. En ese contexto surgió una frase que probablemente será una de las más recordadas del acto: “México no es piñata de nadie”.

No fue una frase improvisada. Es una declaración política dirigida tanto al exterior como al interior del país. En pocas palabras sintetizó una idea que históricamente ha tenido enorme fuerza en la cultura política mexicana: la defensa de la independencia nacional.

Más allá de simpatías o diferencias partidistas, el acto deja una imagen difícil de ignorar. Una mujer presidenta, respaldada por una mayoría electoral histórica, hablando desde la plaza pública sobre soberanía, bienestar y transformación. Esa fotografía resume uno de los capítulos más relevantes de la vida política mexicana en el siglo XXI.

Las cifras podrán discutirlas  los detractores de la 4tro T, y las  políticas públicas serán evaluadas por la historia. Los gobiernos siempre estarán sujetos al juicio ciudadano. Pero hay hechos que ya forman parte de la memoria colectiva. Y el ascenso de la primera mujer a la Presidencia de México es, sin duda, uno de ellos.

Dos años después, la discusión ya no es si aquel triunfo fue histórico. La verdadera pregunta es la huella que dejará en la construcción del México que viene.

Y sí, como apunta la presidenta Claudia; estemos alertas, la derecha trasnacional está desesperada y los tamaulipecos sabemos bien cómo actúan los sátrapas; matan, desaparecen, arman camorra para desestabilizar gobiernos legítimos.

El 18 de diciembre de 1865  el Benemérito de las Américas, Benito Juárez García en un comunicado a los mexicanos dijo; “El triunfo de la reacción es moralmente imposible” dicho mensaje fue emitido al finalizar la Guerra de Reforma y en plena lucha de la República contra la intervención francesa y el Segundo Imperio Mexicano.

Esta frase de Benito Juárez hay que repetirla una y otra vez,  pues estamos frente al imperio que a toda costa  quiere  gobiernos títeres claro, y  los recursos naturales.

La  derecha no guarda principios éticos, patrios, porque en todo momento ha sido  la escoria de la política.

Estemos alertas.

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