Por María Jaramillo Alanís
El expresidente Andrés Manuel López Obrador volvió a hacer escuchar su voz pública mediante un pronunciamiento en el que expresa un respaldo absoluto a la presidenta Claudia Sheinbaum y comparte una reflexión sobre la actual postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Desde La Chingada, en Palenque, López Obrador sostiene que las presiones ejercidas por sectores del gobierno estadounidense contra México, bajo los argumentos del combate a la migración y al narcotráfico, tienen un trasfondo político y electoral.
A su juicio, el objetivo es debilitar al movimiento de Regeneración Nacional, -del que es fundador-, y que hoy gobierna el país y, favorecer el regreso de los grupos políticos que durante años mantuvieron una relación de subordinación con Washington.
Y Andrés Manuel no anda errado, los golpes mediáticos contra Alfonso Durazo y Américo Villarreal Anaya, no son casualidades, personajes ligados a él en amistad y compromiso. LATimes, medio de comunicación estadounidense, publica sin rigor alguno, una supuesta investigación de alguna oficina de aquel país, la pieza periodística no tiene sustento, solo lugares comunes y diatriba barata y, en periodismo tiene nombre; se llaman “voladas”.
Ahora podrían decirse que es una fake news, pero los medios tradicionales que están en contra de la 4T, al unísono la dieron por hecho, incluidos el grupo de periodistas en Tamaulipas que solían servir al prófugo García Cabeza de Vaca.
Empero, más allá de la defensa que hace López Obrador de la presidenta Sheinbaum, el aspecto más relevante del mensaje, es la comparación que establece entre el Donald Trump con quien gobernó durante su sexenio y el mandatario que actualmente ocupa la Casa Blanca.
López Obrador recuerda que, durante su administración, logró construir con Trump una relación basada en el diálogo y el entendimiento, incluso en momentos de tensión. Hubo acuerdos comerciales, cooperación durante la pandemia, entendimientos en materia migratoria y decisiones conjuntas que evitaron conflictos mayores entre ambas naciones.
Por ello, asegura, sorprende el cambio que observa en el actual comportamiento del presidente estadounidense.
El exmandatario descarta que dicho viraje responda exclusivamente a las circunstancias políticas o al hecho de encontrarse en su último mandato presidencial. En cambio, atribuye esa transformación a la influencia de asesores y grupos de interés que, según su visión, han impulsado posiciones más radicales y hostiles.
La reflexión de López Obrador trasciende la anécdota personal. En realidad, plantea una advertencia sobre los riesgos que enfrenta la relación entre México y Estados Unidos cuando el diálogo es sustituido por la presión política, la descalificación y las decisiones impulsivas. Ninguna nación gana cuando la cooperación cede espacio a la confrontación.
Pero además López Obrador envía un mensaje de absoluto respaldo a Claudia Sheinbaum en un momento en que la defensa de la soberanía nacional vuelve a colocarse en el centro del debate público. Para el expresidente, la mandataria ha actuado con responsabilidad, firmeza y prudencia frente a los desafíos externos, cualidades indispensables en tiempos de incertidumbre.
Aunque habría que decir que la pregunta de fondo no es si cambió Trump. La verdadera interrogante es si Estados Unidos está dispuesto a seguir construyendo una relación de respeto con su principal socio y vecino o si optará por revivir las viejas prácticas intervencionistas que tanto daño han causado a la región. Ese es el verdadero riesgo, y es aquí donde la reflexión de López Obrador cobra la más alta importancia.
Andrés Manuel deja clara su postura: México no necesita tutelas ni amenazas. Y, entre líneas, lanza un mensaje que resuena más allá de las fronteras: la dignidad de un país no se negocia, se defiende.
Porque más allá de nombres, partidos o coyunturas electorales, lo que hoy está en juego es la soberanía de México. Las presiones externas pasan, los gobiernos cambian y los intereses políticos se reacomodan, pero la dignidad de una nación permanece.
López Obrador ha decidido cerrar filas con la presidenta Claudia Sheinbaum y recordar que la relación con Estados Unidos sólo puede construirse desde el respeto mutuo, nunca desde la amenaza.
Si Trump quiere pasar a la historia como un estadista, deberá entender que México ya no es el país dócil de otros tiempos. Hoy tiene una presidenta respaldada por millones de ciudadanos y un pueblo que ha aprendido a defender su independencia.
La cooperación siempre será bienvenida; la subordinación, jamás. Esa es la diferencia. Y esa es también la línea que México no está dispuesto a cruzar.
Un gigante como Andrés Manuel provoca, lo que les ha causado a la derecha mexicana; mandarlos al basurero de la historia, y ahí seguirán.
Y cierro, velando el quehacer cotidiano en nuestra Patria, México.
(…)México, creo en ti,
porque eres el alto de mi marcha
y el punto de partida de mi impulso.
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva y como el ancla…!
El último párrafo de El Credo de Ricardo López Méndez
Desde Mi Trinchera…



