Aptos… ¿Y honestos?

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Por María Jaramillo Alanís

La política mexicana tiene una fascinación enfermiza por las palabras grandilocuentes. Integridad. Honestidad. Transparencia. Aptitud. Valores que suelen aparecer con frecuencia en los discursos y desaparecer misteriosamente cuando llega la hora de revisar expedientes, patrimonios y amistades peligrosas.

En Victoria ya comenzó la carrera rumbo al 2027 y, aunque oficialmente nadie anda en campaña, los aspirantes ya desfilan frente al espejo de la llamada Comisión de Verificación e Integridad de Candidaturas de Morena.

El primero en levantar la mano fue José Braña Mojica. Dice reunir todos los requisitos. Que está limpio. Que no tiene señalamientos de corrupción. Que no está relacionado con el huachicol fiscal. Que no tiene vínculos con la delincuencia. Que cuenta con el respaldo de más de cien mil votos y que, por si fuera poco, representa una garantía de triunfo para la capital tamaulipeca. ¡Bendito sea Dios! ¿Y de neuronas como andará?

La afirmación del sobrino incomodo, no es menor. Pero, preferiría que nos cuente cómo ha hecho su fortuna, eso sería su mejor carta de presentación.

Porque en tiempos donde la política parece una interminable fila de investigados, denunciados, cuestionados o simplemente sospechosos, declararse limpio los convierte casi casi en candidatos a santos y santas.

Braña no solamente se considera apto. Se considera certificado. Pero no es el único.

Desde otra esquina de palacio,  digo del ring político,  aparece Gerardo Illoldi Reyes, quien también decide colocarse frente al examen de integridad antes de que alguien le entregara la hoja de preguntas.

Su mensaje fue igual de contundente: está listo para cualquier revisión.

Asegura que puede superar cualquier filtro. Que los señalamientos sobre su patrimonio tienen un trasfondo político. Que ha solventado cada acusación mediante mecanismos legales. Y que, lejos de perjudicarlo, todo ese proceso terminó fortaleciendo la documentación de sus bienes.

Que publique su hoja de vida y muestre cómo ha hecho su fortuna, a cuánto asciende,  cuándo acudió a la secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno, y dio los pormenores de sus diferentes propiedades, sobre todo porque no todos los jóvenes dan un salto cuantitativo como él, que era un joven que salía en chancletas de su casa de allá por el rumbo la colonia del Maestro a realizar compras al Oxxo de la calzada Tamatán.

Dicho  de otra forma: las acusaciones, según su versión, terminaron convirtiéndose en una especie de curso intensivo de auditoría preventiva.

Una paradoja muy mexicana.

Mientras más cuestionamientos aparecen, más preparado se siente para demostrar que todo está en orden.

Y así, entre declaraciones de pureza administrativa y certificados de buena conducta expedidos por ellos mismos, comienza a configurarse la competencia por la alcaldía victorense.

Sin embargo, la honestidad no se acredita únicamente con declaraciones ante los medios. La integridad no se decreta, se es o no,  y eso lo da la   una vida transparente, integra. Hay un dicho muy mexicano que reza; el dinero y lo pen…tonto, no se pueden ocultar. ¡Pos estos!

Y la limpieza política tampoco se obtiene mediante auto calificaciones. Porque si algo ha aprendido el ciudadano en las últimas décadas es que los expedientes suelen contar historias distintas a los discursos.

Que los patrimonios tienen memoria y  los negocios dejan huella. Y que los vínculos políticos rara vez permanecen ocultos para siempre.

Por eso sería saludable que las y los aspirantes a la alcaldía de Victoria, todos sin excepción, dejaran de hablar solamente de estar aptos, capaces,  y que son honestos, les haría bien a ellas y ellos que lo demuestren.

Que nos cuenten a ciencia cierta cómo construyeron sus fortunas. De dónde provienen sus propiedades. Cómo evolucionó su patrimonio. Quiénes financiaron sus carreras políticas. Quiénes les abrieron las puertas del poder. Quiénes los impulsaron cuando eran desconocidos y quiénes los siguen respaldando ahora que buscan gobernar una ciudad que ya ha sido suficientemente engañada.

Porque tocar la jarana y saberse una canción de Silvito no convierte a nadie en hombre o mujer de izquierda.

La congruencia política no se mide por el repertorio musical ni por las consignas aprendidas de memoria.

La izquierda auténtica se demuestra en la conducta pública, en la austeridad verdadera, en la transparencia personal y en la cercanía con la gente, no en la pose para el magazine pueblerino,   ni en la fotografía conveniente.

Y tampoco ayuda que algunos personajes, cuando sienten amenazadas sus aspiraciones, terminen enseñando el cobre y sufriendo de diarrea verbal, verbigracia Katalina Méndez ¿la conocen?

Por eso, la discusión no debería centrarse en quién se siente más apto o quién se proclama más puro.

Todos se dicen honestos.

Todos aseguran estar limpios.

Todos afirman ser diferentes.

Pero…las preguntas siguen siendo las mismas para todos:

¿Cómo se hicieron de fama?

¿Cómo se hicieron de fortuna?

¿Cómo se hicieron de poder político?

¿Quién los impulsó?

¿A quién le deben favores?

¿Y qué intereses representan realmente?

Porque una candidatura no debería ser un concurso de quien tiene más poder, ni una competencia de relaciones públicas. Debería ser un ejercicio de rendición de cuentas, militancia y resultados en sus diferentes puestos, sean de elección popular o en la función pública.

Cuando respondan esas preguntas con documentos, con hechos y sin discursos ensayados, entonces podremos empezar a hablar de honestidad.

Mientras tanto, las declaraciones de pureza seguirán siendo simples actos de fe y ‘declaracionitis’ aguda.

Victoria y Tamaulipas,  merece contar con políticos de altura humana, sensibles,  porque estamos hasta la coronilla de que los hijos de papi quieran decidir quién nos gobierne.

Morena y sus aliados-lastres- podrán hacer triquiñuelas para imponerse con sus candidatos y sé que la población les dará la espalda si lo traicionan.

Sé,- decía  Yarrington-, bien que sé,  que la fe, en política, hace mucho que dejó de ser suficiente para una ciudadanía que ya aprendió que existe una enorme diferencia entre parecer limpio y estar limpio.

Y una distancia todavía mayor entre ser apto,  ser honesto,  inteligente y sensible.

Por ahora hay  una larga lista de suspirantes y todas y todos quieren harto a Victoria, pero…ojalá no hubiera habitantes, todo sería más fácil ¿Qué no?

Dirán ustedes mis carísimos lectores, ¿por qué solo los  de la izquierda jocoque? Sencillo, ellas y ellos nos dijeron que eran diferentes, así que toca cuestionarlos. Ya les tocará  a las y los de enfrente.

Desde Mi Trinchera…

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