El SNTE y sus líderes charros

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Por María JARAMILLO ALANÍS

Cuando un dirigente sindical afirma, antes siquiera de que exista una convocatoria, que determinados aspirantes “no van a llegar” y “no van a ganar”, queda al descubierto una de las prácticas más arraigadas del viejo sindicalismo mexicano: el charrismo. Es decir, la idea de que las dirigencias no se ganan mediante la competencia democrática, sino mediante el control de las estructuras y el respaldo del aparato institucional.

Las declaraciones de Arnulfo Rodríguez Treviño, secretario general de la Sección 30 del SNTE, dejan más preguntas que respuestas.

 Si aún no hay convocatoria, ¿cómo puede asegurar el resultado de una elección que, en teoría, debería depender exclusivamente del voto libre y secreto de los trabajadores de la educación? Una afirmación de ese tipo no fortalece la institucionalidad; por el contrario, alimenta la percepción de que la sucesión ya tiene destinatario.

Calificar de “desesperados” a quienes aspiran a dirigir el sindicato tampoco contribuye a un ambiente de pluralidad. En cualquier organización democrática, levantar la mano para participar debería ser un derecho legítimo y no motivo de descalificación. Quien paga cuotas sindicales tiene el mismo derecho de buscar la dirigencia que de votar por ella.

Más preocupante resulta el intento de desacreditar a quienes respaldan a posibles contendientes, señalando que son jubilados o que no representan a la base activa.

Los jubilados también forman parte de la historia y de la vida sindical; desconocer su participación solo evidencia una visión excluyente del sindicato, y curiosamente, Arnulfo es jubilado ¿o qué, a poco sigue frente a grupo?

El discurso pierde fuerza cuando se mezcla con expresiones que anticipan derrotas ajenas y victorias propias. La verdadera institucionalidad consiste en garantizar reglas claras, piso parejo y absoluto respeto a la voluntad de los trabajadores, no en enviar mensajes que son propiamente advertencias políticas.

Durante décadas, el SNTE fue símbolo del corporativismo y del control político del magisterio y  la promesa de democratizar la vida sindical ha sido una demanda constante de miles de docentes que buscan un sindicato más transparente, abierto y representativo. Sin embargo, declaraciones como las del profe Arnulfo, evocan prácticas del pasado que muchos creían superadas.

Hoy el magisterio de Tamaulipas enfrenta problemas mucho más importantes que las disputas por el poder: rezagos educativos, falta de infraestructura, necesidades laborales y mejores condiciones para docentes y alumnos. Justamente por ello, la renovación sindical debería centrarse en propuestas, proyectos y liderazgo, no en descalificaciones o pronósticos anticipados.

La mejor respuesta a cualquier aspiración no es decir; “no van a ganar”, sino permitir que las urnas hablen. Si el sindicato realmente pertenece a los trabajadores, serán ellos quienes decidan quién debe conducir su destino.

Todo lo demás recuerda a los tiempos de los líderes charros que decidían el futuro del sindicato antes de que los maestros pudieran votar.

Y claro, además los profes que buscan la dirigencia -incluido Arnulfo- son hechura de  la caponera-(en el sentido estricto de cebar y capar pollos)- del SNTE; Elba Esther Gordillo Morales.

¿Cuándo y a qué hora la 4T destetará al rancio y charro sindicato del magisterio?

Desde Mi Trinchera…

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