Sordera y frivolidad

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Por María JARAMILLO ALANÍS

Mientras los  tamaulipecos siguen esperando respuestas a problemas que afectan su vida cotidiana, la conversación política adelanta el calendario electoral. Y, en lugar de hablar de resultados, eficiencia y rendición de cuentas, el debate gira alrededor de candidaturas, encuestas y renuncias.

El gobernador Américo Villarreal Anaya ha pedido a los integrantes de su gabinete que si tienen aspiraciones políticas, se definan. Entiendo que ha querido decir que renuncien ya a sus puestos pero al mismo tiempo  les pidió que no se distraigan y continúen trabajando por Tamaulipas.

El problema es que, en el último tramo del gobierno de la transformación, la percepción ciudadana parece ir en sentido contrario.

Para muchos, cada funcionario actúa como si administrara una parcela de poder propia, haciendo lo que considera conveniente, mientras el servicio a la población queda relegado a un segundo plano.

Y gobernar no consiste únicamente en administrar una oficina o asistir a eventos públicos. Gobernar exige liderazgo, capacidad para resolver problemas y sensibilidad para escuchar a los ciudadanos. Cuando esas cualidades escasean, el gobierno pierde rumbo y la confianza también.

Hay secretarías cuya presencia pública parece estar más ligada a la imagen que a los resultados., verbigracia: Economía, secretaría del trabajo y claro, diputadas y diputados levantadedos.

Hay quienes proyectan elegancia y protagonismo, pero la pregunta inevitable sigue siendo la misma: ¿dónde están los logros concretos que justifiquen su permanencia? En política, la imagen puede abrir una puerta, pero jamás sustituye la eficacia y a la inteligencia.

En otros casos, la crítica apunta a perfiles que, para algunos observadores, no han logrado demostrar el liderazgo o la experiencia que demandan las responsabilidades que hoy ocupan. En un gobierno que prometió transformación, la ciudadanía termina preguntándose si el criterio para integrar el gabinete fue la capacidad o la cercanía política.

El propio gobernador reconoce que aún resta una parte importante de su administración. Precisamente por eso resulta preocupante que la conversación pública comience a centrarse más en el tablero electoral de 2027 que en la solución de los problemas del presente.

Los ciudadanos no esperan conocer quién será candidato dentro de uno o dos años. Esperan mejores servicios de salud, mayor seguridad, crecimiento económico, infraestructura y servidores públicos que entiendan que el cargo es una responsabilidad, no un trampolín político.

La política deja de cumplir su función cuando el cálculo electoral desplaza al interés público. La sordera institucional aparece cuando ya no se escucha a la ciudadanía.

Y más lamentable; la frivolidad se instala cuando la forma importa más que el fondo, cuando la fotografía pesa más que los resultados y cuando la ambición personal termina ocupando el lugar que debería corresponder al servicio público.

Y en esa tesitura andan los más cercanos al Ejecutivo;  Katalyna Cepeda, Ninfa Cantú y Gerardo Illoldi, quienes son verdaderos modelitos de hola, pero que hasta esta hoy mismo representan solo a intereses que no tienen nada que ver con la 4T.

La  pregunta sería en todo caso; en la elección intermedia  lleva mano la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, es decir Citlalli Hernández, ¿y quién más?

Desde Mi Trinchera…

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