Ni vueltos a batir…

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Por María Jaramillo Alanís

Prometía ser un almuerzo de charla constructiva, amena, cálida y, además, de rica comida y buen café. Lo primero sucedió porque mis amigos y amigas han sido el hombro solidario y mi paño de lágrimas, casi siempre; pero el café estaba más allá de malo: pésimo, amargo. Y ese debió ser el presagio de que algo grave podría ocurrir.

No lo vimos venir. Mientras conversábamos de las hijas, de que Dios ha sido bueno, de los viajes y de que en cualquier momento debería viajar a Mérida, un hombrecillo saluda de mano y, a bocajarro, afirma:

—Sí quiero ser candidato, pero a gobernador. En el 27 no sé qué podría ocurrir, pero yo iría en el 28.

Era Ramiro Ramos Salinas, neolaredense, expresidente del PRI, ex diputado local y también ex presidente y líder del Congreso. Sin detenerse a respirar, prosiguió con su pequeño mitin ambulante.

—Ya hablé con el Truko: que esta vez voy yo. Antes, Cabeza de Vaca lo impuso y el PRI fue, y nos pasaron por encima. Pero ni por mucho: 80 mil votos. César pudo ganarle al gobernador, quien, por cierto, gobierna sin emoción, sin pasión. Y así fue su papá; yo los conozco bien.

Ramiro se refería así a Américo Villarreal Anaya y a su difunto padre, Américo Villarreal Guerra, uno de los gobernadores más queridos por los tamaulipecos.

El contador Lino Bonilla, educado como suele ser, se puso de pie. Yo permanecí sentada, recordando a mi entrañable Cuquis Garza Ruiz (+): «Jamás te pongas de pie delante de un político; tú siempre serás una dama, mujerona». Yo reía para mis adentros.

Ramos Salinas hizo un breve análisis de quienes podrían ser las candidatas de Morena a la gubernatura.

—Tania es la más preparada; es una mujer que sí sabe. Mi amiga Olguita, pues yo la conozco bien y no; yo le ganaría.

Y yo no me quedé con las ganas de saber de su pueblo:

—¿Y Carmen Lilia no tiene posibilidades?

—¡Nooo! Ella es así —dijo, haciendo una seña de pequeñez con los dedos—. Ellos están ahí por el presupuesto; nadie los conoce en Tamaulipas, y allá no mandan ellos.

Tercié en abono de la verdad:

—Ni el PRI mandaba. Lacho Garza Garza siempre lo dijo, en corto y en público, cuando se refería a los narcos: «Los muchachos que hagan lo suyo por las orillas; que nos dejen gobernar».

Ramiro fue más osado:

—Pero Morena es cómplice de los narcos.

Y otra vez toca centrarlo:

—¿Y qué son García Luna, Felipe Calderón, Cabeza de Vaca…? ¿La madre Teresa de Calcuta?

—Bueno, es verdad. No puedo rebatirlo. Pero déjame decirte que yo voy a insistir para ser el candidato a la gubernatura y que debemos hacer alianza con el PAN. Si vamos solos… Morena nos hará papilla.

Ramiro, sin perder la sonrisa, se va orondo, saludando a los comensales mañaneros en el Café del 9 Zacatecas.

Al abandonar el lugar, Ramiro Ramos se despide parafraseando la carta que Ernesto “Che” Guevara de la Serna envió a Fidel Castro:

—Me voy, otras tierras reclaman mi presencia…

Y pensé: definitivamente, lo perdimos.

Excelente mañana de café. Tendré que acudir más seguido a los cafés de nuestro pueblo; me estoy perdiendo de la diversión.

Desde Mi Trinchera…

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